Una mezcla de documental y poesía, realidad e intimismo, despojo de corazones y arte. Jugar a atrapar camiones con las manos, hablar, espiar, seguir, descubrir, recordar, renovar. Desvelar. Y Agnès Varda puede con todo, más o menos como los servidores de Google.
Entiendo que no pudiera resistirse a hacer una segunda parte del documental. Pero ya se dice por ahí que las segundas partes siempre son peores.

